El año pasado, Bérengère Lefranc, una artista parisina, vistió por un mes un burka afgano. Ahora, en pleno debate nacional sobre la prohibición de esa prenda, llega el libro que reúne, a modo de diario, las experiencias que vivió durante su performance.
DOS MIL SOLEDADES. Lefranc anticipó que el libro narra la angustia que padeció vistiendo el burka, una sensación semejante a la que tienen todos los días dos mil mujeres en el territorio galo.
Bérengère Lefranc, la artista parisina que durante junio de 2009 vistió un velo para experimentar lo que sienten cerca de dos mil mujeres que visten esa prenda en Francia, explicó hoy que, durante la Fiesta de la Música en París, por ejemplo, temió por su integridad física, ya que la gente iba ebria y el debate sobre el burka acababa de salir en los medios de comunicación.
"La gente se sentía autorizada abiertamente a opinar sobre este tema (...) y es cierto que tuve miedo", comentó. Une voile, un certain moi de juin (Un velo, un cierto mes de junio), el libro que está por lanzar, relata cronológicamente, a modo de diario, la experiencia de convivir durante todo un mes en París con una prenda que cubre la totalidad del cuerpo.
Lefranc, artista y diseñadora de indumentaria, negó, sin embargo, que se tratara de un burka, sino de una prenda similar a ella, puesto que el objetivo de la aventura no era "ni religioso ni irreverente".
"Fue una experiencia verdaderamente personal, íntima", explicó Lefranc, rechazando que su libro, que verá la luz la próxima semana, tuviera relación con la polémica que tiene lugar estos días en Francia sobre el uso del burka.
La publicación llega en pleno debate nacional sobre la prohibición de esta prenda en Francia, ya que mañana la misión parlamentaria que estudia la forma de regular el burka presentará sus conclusiones.
En ellas se espera que se proponga la prohibición de la prenda de origen afgano en lugares públicos, así como en los transportes públicos o en las puertas de los colegios.
Sobre este tema, Lefranc se mostró totalmente en contra, ya que augura que las mujeres que lo llevan "deben estar muy orgullosas de hacerlo", por la dificultad e inconvenientes que conlleva su uso. Además, señaló que hay muchos otros problemas que se deben regular antes que el del uso del burka.
La artista francesa, que comprobó la vida que llevan las cerca de 2.000 mujeres que visten con burka en Francia, explicó las dificultades de vivir con un tipo de vestimenta similar, siendo el foco de todas las miradas. "Sentí una soledad enorme, la gente se reía de mí. Yo quería desaparecer a los ojos de la gente, y por el contrario todo el mundo me miraba", contó la autora del libro sobre sus primeras impresiones. Además, destacó las dificultades de realizar actividades cotidianas, como fumar, montar en bicicleta o hacer las compras, ya que no quería cambiar sus hábitos durante este mes, o los inconvenientes de entablar relaciones humanas.
"Lo más frustrante, es no poder compartir una sonrisa. No para seducir, tan sólo para estar juntos. El enclaustramiento está allí", relata un extracto del libro de Lefranc. Asimismo, la artista detalló el calor que produce la vestimenta, "unos 45 grados en el mes de junio", que le ayudaron a perder 3 kilos de peso, en parte porque también aprovechó para hacer régimen.
Nota extraida de "Revista N"
Un mes con el velo puesto: polémica en Francia
El año pasado, Bérengère Lefranc, una artista parisina, vistió por un mes un burka afgano. Ahora, en pleno debate nacional sobre la prohibición de esa prenda, llega el libro que reúne, a modo de diario, las experiencias que vivió durante su performance.
DOS MIL SOLEDADES. Lefranc anticipó que el libro narra la angustia que padeció vistiendo el burka, una sensación semejante a la que tienen todos los días dos mil mujeres en el territorio galo.
Bérengère Lefranc, la artista parisina que durante junio de 2009 vistió un velo para experimentar lo que sienten cerca de dos mil mujeres que visten esa prenda en Francia, explicó hoy que, durante la Fiesta de la Música en París, por ejemplo, temió por su integridad física, ya que la gente iba ebria y el debate sobre el burka acababa de salir en los medios de comunicación.
"La gente se sentía autorizada abiertamente a opinar sobre este tema (...) y es cierto que tuve miedo", comentó. Une voile, un certain moi de juin (Un velo, un cierto mes de junio), el libro que está por lanzar, relata cronológicamente, a modo de diario, la experiencia de convivir durante todo un mes en París con una prenda que cubre la totalidad del cuerpo.
Lefranc, artista y diseñadora de indumentaria, negó, sin embargo, que se tratara de un burka, sino de una prenda similar a ella, puesto que el objetivo de la aventura no era "ni religioso ni irreverente".
"Fue una experiencia verdaderamente personal, íntima", explicó Lefranc, rechazando que su libro, que verá la luz la próxima semana, tuviera relación con la polémica que tiene lugar estos días en Francia sobre el uso del burka.
La publicación llega en pleno debate nacional sobre la prohibición de esta prenda en Francia, ya que mañana la misión parlamentaria que estudia la forma de regular el burka presentará sus conclusiones.
En ellas se espera que se proponga la prohibición de la prenda de origen afgano en lugares públicos, así como en los transportes públicos o en las puertas de los colegios.
Sobre este tema, Lefranc se mostró totalmente en contra, ya que augura que las mujeres que lo llevan "deben estar muy orgullosas de hacerlo", por la dificultad e inconvenientes que conlleva su uso. Además, señaló que hay muchos otros problemas que se deben regular antes que el del uso del burka.
La artista francesa, que comprobó la vida que llevan las cerca de 2.000 mujeres que visten con burka en Francia, explicó las dificultades de vivir con un tipo de vestimenta similar, siendo el foco de todas las miradas. "Sentí una soledad enorme, la gente se reía de mí. Yo quería desaparecer a los ojos de la gente, y por el contrario todo el mundo me miraba", contó la autora del libro sobre sus primeras impresiones. Además, destacó las dificultades de realizar actividades cotidianas, como fumar, montar en bicicleta o hacer las compras, ya que no quería cambiar sus hábitos durante este mes, o los inconvenientes de entablar relaciones humanas.
"Lo más frustrante, es no poder compartir una sonrisa. No para seducir, tan sólo para estar juntos. El enclaustramiento está allí", relata un extracto del libro de Lefranc. Asimismo, la artista detalló el calor que produce la vestimenta, "unos 45 grados en el mes de junio", que le ayudaron a perder 3 kilos de peso, en parte porque también aprovechó para hacer régimen.
Nota extraida de "Revista N"
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